La mayoría de equipos de prototipado fallan porque comienzan por la elección del componente. El primer paso no es elegir el mejor motor conocido, esta decisión debería ser la última según nuestro método.
Para definir estos requisitos, además de comprender los objetivos generales del prototipo, nos planteamos preguntas muy específicas, como:
¿Qué tiene que mover el motor y con qué fuerza debe hacerlo?
Es clave cuantificar el par o torque requerido para el motor. Este dato objetivo, para esta fase, se extrae de la investigación y experimentos prácticos, que permitan simular las peores condiciones posibles según escenario de uso.
¿A qué velocidad?
Tras la respuesta a la pregunta anterior, necesitamos comprender cuáles son las restricciones de velocidad que necesitamos en el funcionamiento. Esta información será clave para calcular el dimensionamiento del motor más óptimo para el prototipo.
¿Qué tipo de movimiento se requiere?
La respuestas a esta interrogante permitirá comprender si se requiere un motor capaz de girar largos períodos o por el contrario, contará con restricciones de paradas continuas. Caracterizar correctamente los ciclos de trabajo del motor, permitirá dimensionar la potencia real necesaria y planificar su posible vida útil, como parte esencial del futuro producto.
¿Qué nivel de precisión y control se requiere en el movimiento?
Sin duda esta pregunta puede hacer replantear las conclusiones que ya podías estar induciendo como mejores motores para tu prototipo. Si en el prototipo la necesidad es generar un movimiento entre dos puntos, sin necesidad de controlar el ciclo, el abanico de opciones es amplísimo y barato.
En cambio, según añadamos restricciones o necesidades, la lista de opciones se disminuirá proporcionalmente, y las soluciones serán sustancialmente más caras. Las restricciones que más nos impulsan a este tipo de soluciones son: necesidad de controlar posiciones exactas, gestionar ciclos o conseguir sincronizaciones